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Violencia Vicaria en Colombia: La historia de Fernanda Restrepo, una madre obligada a luchar para volver a abrazar a sus hijas

  • Foto del escritor: De Chicas
    De Chicas
  • 30 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Fernanda Restrepo, reconocida defensora de la crianza respetuosa y cabeza de la campaña Ni Una Palmadita, vive hoy un episodio que expone con crudeza cómo funciona la violencia vicaria y la falla institucional cuando los derechos de una mujer y sus hijas son intervenidos desde estructuras de poder.


Desde diciembre de 2024, relatan sus denuncias, su exesposo interpuso una denuncia falsa que terminó justificando la separación forzada de sus niñas, de 9 y 5 años. Extranoticias+1 A pesar de que Fernanda ya había denunciado con anterioridad violencia física y psicológica, la aparente inacción del sistema permitió que, mediante una medida provisoria, se le retirara la custodia bajo argumentos cuestionables. Extranoticias+1


Durante el 2025, Fernanda ha denunciado no solo la pérdida del vínculo con sus hijas, sino sentirse perseguida, vigilada, invisibilizada por las instituciones que deberían protegerla.


Violencia vicaria: usar a los hijos como armas


El caso de Fernanda es un ejemplo claro de violencia vicaria, esa forma de violencia de género en la que quienes ejercen abuso utilizan a los hijos o hijas como medio de control, castigo y manipulación psicológica. En este escenario, el agresor juega con el sistema judicial y sus recursos para revictimizar, apartar a la madre y perpetuar el control mediante el sufrimiento de la descendencia.


Ella misma lo ha señalado sin temor a exponer la verdad: lo que vivió no fue solo violencia vicaria, sino también “complicidad institucional”. A pesar de las denuncias y pruebas presentadas, fue necesario recurrir a su voz pública, redes sociales y medios de comunicación para visibilizar lo que estaba pasando. Extranoticias+2Facebook+2


Este caso pone en evidencia que muchas de las mujeres que denuncian violencias estructurales, físicas, psicológicas, de control, pueden ser víctimas de un segundo castigo: el sistema que debería protegerlas.


Justicia tardía, reclamo colectivo y reapropiación del derecho


Casi un año después del inicio de esta pesadilla personal, las autoridades fallaron a favor de Fernanda y se ordenó restituir sus derechos y permitir que tanto ella como sus hijas recuperen su vínculo. Instagram+2Extranoticias+2


Este fallo no es solo una victoria personal, sino un paso hacia visibilizar formas de violencia poco reconocidas, como la vicaría o el acoso judicial, que muchas mujeres padecen sin aparecer en las cifras oficiales. Al compartir su historia, Fernanda contribuye a que estas violencias salgan de las sombras, se nombren y se entiendan como reales, legítimas e injustas.


Ella ha convertido su dolor en palabra, su injusticia en denuncia, y su lucha en un acto de sororidad: por sí misma, por sus hijas, y por todas las madres que podrían estar atravesando algo parecido en silencio.


Hacia una mirada con enfoque de género, infancia y derechos


  • Este caso demuestra la urgencia de reconocer la violencia vicaria como una forma grave de violencia de género, con consecuencias profundas sobre mujeres e hijos.

  • Señala la necesidad de fortalecer los sistemas de protección familiar, con perspectiva de género e infancia, para que denuncias fundadas no terminen silenciando a las víctimas.

  • Subraya la importancia de los espacios públicos, comunitarios y mediáticos como mecanismos de visibilización y defensa cuando el sistema falla.

  • Inspira a construir redes de apoyo, solidaridad y sororidad para que la lucha de una madre se exprese en colectivo y abra caminos a muchas otras.


Aunque no existen estadísticas oficiales desagregadas que permitan saber cuántos de los casos denuncian explícitamente violencia vicaria, los datos disponibles sobre violencia intrafamiliar y de género en Colombia ilustran la magnitud del contexto en el que estos hechos ocurren. Entre enero y mayo de 2024, se reportaron 63.528 casos de violencia intrafamiliar en el país, la cifra más alta desde que existen registros. El País  


Además, entre 2016 y 2023 la tasa de violencia intrafamiliar pasó de 207,4 a 228,8 casos por cada 100.000 habitantes, y las mujeres representaron entre el 70 % y el 77 % de las víctimas. Ministerio de Justicia. Al mismo tiempo, cifras recientes del sistema de protección infantil muestran que sólo entre 2023 y 2025 siguen creciendo los reportes de violencia contra niñas, niños y adolescentes, evidenciando que los hogares, espacios donde a menudo se reproduce la violencia vicaria, siguen siendo escenarios de riesgo. ICBF+1


La historia de Fernanda nos recuerda que la maternidad no puede ser usada como moneda de cambio en litigios de poder, ni las instituciones pueden servir como herramientas de opresión. Visibilizar, nombrar y exigir justicia ante la violencia vicaria no es solo un acto personal, es un acto político, de dignidad y de derechos.

 
 
 

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